Armar el árbol de navidad siempre ha sido un lío en mi casa porque nadie lo quiere armar. En los últimos años lo he armado solita, pero como no tengo alma de decoradora siempre el árbol me termina quedando lleno de colores y con pelotas navideñas puestas en cualquier orden entre las ramas. Por más que intente un orden el resultado siempre es un pino muy desalmado con sus ramitas disparadas a cualquier lado y los adornos luchando entre ellos por sobrevivir sin caerse.
Este año me demore un día y medio en llevar la Navidad a la casa, entre armar el arbolito, gritar y tirarme los pelos porque las luces no funcionan, arreglar las luces, poner luces afuera, colgar campanitas en las paredes, colgarme yo poniendo luces en el segundo piso, poner guirnaldas..sacarlas cinco minutos después.. Toda una proeza, hasta para el que tiene más paciencia. Pero ahora que terminé miro el resultado (ya sin las cajas ni bolsas al medio de todo) y me doy cuenta que mi espíritu navideño aumento considerablemente al estar en medio de un oasis pascuero. Hasta el Viejo Pascuero estaría orgulloso de mis arreglos navideños.
Mis días favoritos de fin de año son los previos a la Navidad, la ansiedad por saber que me van a regalar, los nervios para que mis regalos sean del gusto del receptor, mis ganas por arreglar el mundo y hacer que todos disfruten de una linda Navidad y poner a desfilar a mis amigos para ir a cantar villancicos a los hogares de ancianos y andar con un montón de chocolates y dulces en mi bolso para regalarle a los niños donde sea que me los encuentre, recordar que hace miles de años atrás nació un bebé que el padre humano medio perplejo crió como propio y hacerme preguntas propias de mi naturaleza indiscreta como: Jesús habrá tenido novias? Alguna amiga se habrá enamorado de él perdidamente y él la tuvo que rechazar para seguir al pie de la letra lo que estaba escrito en su destino? Habrá hecho Jesús alguna vez alguna travesura con sus amigos?.
Estos días previos son los mejores de todo el año, la simpatía brota por los poros de las personas (no hablemos de cuando van a comprar porque ahí todos se ponen salvajes porque andan comprando apurados y si alguien se cuela por la fila les sale el troglodita que llevan dentro… sino que hablemos de cuando ya está todo listo y puedes sentir la paz de las luces titilantes y compartir con una sonrisa la alegría que te produce escuchar a un niño cantar Noche de Paz). Los niños están en su salsa, con las clases terminadas, soñando los más pequeñitos con el Viejito Pascuero y aprovechando el permiso indirecto de los padres para intoxicarse con dulces y pan de pascua.
Veo las luces que colgué en mi ventana y sonrío; están en plena danza frenética acompañadas con una melodía que suena patéticamente en este tipo de luces navideñas, pese a lo penoso que es el acompañamiento termino de cantar a todo pulmón el villancico que entona ‘ropopompón…! Ha nacido en un portal de Belén… el niño Dios’.